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martes 23 de junio de 2009

Despedida efímera

Este va a ser el último post que escriba en este blog. ¿Razones? La principal es que últimamente me he visto desubicado en él. El título habla por sí solo: UNA SONRISA MÁS. Un blog en el que en muy contadas ocasiones he escrito algún post triste. Más bien lo he hecho siempre con la intención de animar a quien me ha leído; y por qué no decirlo, para animarme a mí mismo.

UNA SONRISA MÁS empecé a escribirlo en un momento de mi vida en el que muy pocos meses antes había visto una luz inmensa que me había iluminado por completo. Ya ni me acordaba de que luces así existían. “Sólo” hacía falta experimentar situaciones sin miedo, con una sonrisa de oreja a oreja y comprobar que con una buena actitud y con ganas de luchar por lo que uno quiere se va dibujando poco a poco un mapa de un tesoro: ni más ni menos que el de la propia felicidad. Y cuando hablo de felicidad me refiero a pequeños momentos, tal vez efímeros pero intensos, tanto que sería en vano intentar describirlos con palabras.

Durante las últimas semanas he escrito muy pocos posts y uno de los principales motivos ha sido el de los estudios. Sin embargo, no me he dado cuenta hasta hace poco de que existía otro motivo: siento que este blog se me ha quedado pequeño, que no puedo escribir todo lo que puedo porque es el blog de las sonrisas, el del buen rollo, el del positivismo. Siento que necesito escribir sobre más cosas, aunque sean tristes. Siento que he evolucionado en este tiempo y no me siento tan identificado con el blog como antes. Siento que le falta algo…

Quiero expresar, rabia, tristeza, alegría, positivismo, y muchas más cosas…Al fin y al cabo el ser humano lo es todo.

No tengo decidido qué hacer con este blog. Tal vez lo copie en un CD y lo borré después de Internet. Algo me dice que debo empezar desde cero pero sin olvidar los enlaces a los blogs amigos que nunca he dejado de visitar.


A partir de ahora si lo deseáis podréis leerme en
mi nuevo blog.


Gracias por vuestras visitas y comentarios a UNA SONRISA MÁS a lo largo de estos dos años y medio.


miércoles 27 de mayo de 2009

Pasión por el fútbol. Y por esa chica que acude al estadio...

Llevo varias semanas sin escribir en el blog y hoy me he animado a hacerlo después de haber hecho mi último examen del mes. De momento las cosas me van bien, aunque a mediados de junio tengo unos exámenes mucho más determinantes por lo que tendré que dedicar mucho tiempo al estudio lo cual conllevará que deje de nuevo un poco de lado este espacio. De todas formas comentaré poco a poco algunos blogs que he dejado de visitar durante estos días algo ajetreadillos.

Dicho esto me gustaría hablarte de un tema muy bonito relacionado con el maravilloso mundo del balompié…

Siempre que estudio por las noches me gusta sentirme acompañado por el sonido de la radio, en especial por un programa llamado “Hablar por hablar” en el que los oyentes llaman y exponen algún tema u opinión acerca de algo. Ayer no pude evitar dejar por un momento los folios que estaba repasando de cara al examen del día siguiente sobre la cama para tumbarme y escuchar con atención una curiosa historia.

El chico al que estaba escuchando es muy aficionado al fútbol y es un asiduo en el estadio de equipo de sus amores, el Betis. Desde hace unos meses se ha quedado prendado al ver de una chica que se sientas varias filas por encima. Ella parece que también es muy futbolera pues cada dos semanas acude al campo a ver los partidos del equipo verdiblanco, así que el hombre disfruta del partido y de la presencia de la enigmática mujer. La cosa es que cada vez que la ve le gusta más y esta semana es el último partido de liga en el Ruiz de Lopera. Vamos, que es posible que hasta la próxima temporada no vuelva a verla…a no ser que se presente y se sincere con ella. El pobre hombre no sabe si tiene novio y le da algo de corte presentarse, pero está decidido a ello porque no quiere pasar un verano sufriendo sin saber de ella. ¡Y encima es el día en el que el Betis se juega el no bajar de categoría…!

Si eres chica, qué sentirías si te ocurriese algo así, que de repente un chico te dijese que desde hace tiempo te ve por el estadio y les has empezado a gustar. ¿Cómo crees que reaccionarias? A ver al final como acaba todo. Tal vez sea el comienzo de una bonita historia…

Puedes escuchar esa parte del programa a continuación…


domingo 19 de abril de 2009

El buffet de la vida

El día que entraste ya no había vuelta atrás. No está en tus manos. Es ley de vida...

Frente a ti se dibujan un sinfín de alimentos esperando ser saboreados. Estas mágicas viandas no alimentan el estómago, sino el alma. Desde hace unos años no puedes dejar de sorprenderte de algo que sin embargo no ha cambiado; más bien lo has hecho tú: el suelo que te transporta hacia una sola dirección, esa superficie que nunca ha tenido necesidad de detenerse, espoleada con los impíos engranajes del tiempo. Ese suelo asombroso te conduce hacía una gran variedad de platos dispuestos en varias filas y columnas a lo largo de una mesa que no parece tener fin. La mesa es estática. Sólo el suelo tiene el privilegio de avanzar al mismo tiempo que tú lo haces sobre él.

Existen alimentos que nunca caducan y saben siempre exquisitos. Por contra, también existen platos que se enfrían y no pueden volver a calentarse. Es posible que en su día no pudieras comer una determinada sopa y te resulte desconocido ese extraordinario sabor que tanto te han descrito personas que la probaron aún humeante. Si tú no lo hiciste antes fue por miedo, por inseguridad, o tal vez por pereza, da igual. La mesa volvió a ofrecértela y no dudaste en coger una cuchara, cerrar los ojos y curar parte de esa aflicción que pesaba demasiado sobre tu conciencia.

Hay quienes intentan volver hacia atrás y degustan un plato que en su momento no pudieron saborear, pero que nunca más la mesa volverá a ofrecerles, y lo saben -tal vez de ahí su desesperación e irracionalidad-. Alargan de forma enfermiza el brazo con todas sus fuerzas aun sabiendo que no lograrán alcanzar su objetivo, muchos metros de distancia por detrás, y lo único que consiguen es ignorar que frente a ellos ahora posan sobre la colosal mesa humeantes platos que esperan ser catados en su punto ideal. Tal vez un día vuelva a ser demasiado tarde.

Lo cierto es que somos nosotros mismos los responsables de lo que saborea nuestra alma. Somos responsables de su dolor de barriga, de sus empachos y de su bienestar. Somos, en definitiva, lo que comemos. Y lo más importante: mientras respiremos siempre tendremos a nuestro alcance comida con la que alimentar nuestro yo más intrínseco. Siempre existirá un plato caliente frente a nosotros.

domingo 22 de marzo de 2009

Desde el cristal del tren (3a parte)

Sergio había decidido dar el primer paso y gracias a ello llevaba varios minutos embelesado disfrutando de una amigable conservación con aquella magnetizante chica, la cual le atraía como el invierno a la nieve. Poco a poco se había vuelto adicto a su templada y dulce voz. Sus palabras parecían salir de su boca como pétalos deslumbrantes y bailaban al compás de su femenina voz dirigiéndose hacia el joven, que sentía como rozaban con descaro cada recodo de su ser hasta límites insospechados, sin poder hacer nada más que resignarse henchido de felicidad.

Su voz, su mirada, su pelo, cada poro de su cuerpo le habían revelado una impiadosa verdad que hasta entonces desconocía: hasta ese momento había vagado moribundo por la vida. En ese vagón de tren había experimentado la máxima a la que todo ser humano aspira: sentirse vivo.

Con la misma sincronización de aquellas bandadas de aves que dibujan a su paso belleza sobre el infinito tapiz del cielo otoñal, Sergio y Arantxa dirigieron en silencio sus miradas hacia el exterior de la ventana. Ambos fueron alimentándose de aquellos parajes solitarios que dormitaban bajo las estrellas y que durante unos breves instantes eran profanados una y otra vez por trenes noctámbulos como el suyo. Desde el cristal del tren fueron coleccionando imágenes que años después les ayudaría a recordar con más fuerza y excitación aquel viaje, pues fue el que cambió sus vidas y les llevó por la senda de los sueños hechos realidad.

Una vez más, el trayecto fue lo más importante.

FIN

domingo 15 de marzo de 2009

Desde el cristal del tren (2a parte)

Fue un efímero instante, pero suficiente para que la indiscreta joven bajase avergonzada la mirada. Sergio, al intentar rescatarla, se topó con el título del libro que la protegía de su rubor: El Camino, de Miguel Delibes. El mismo que una noche lluviosa de hace más de una década le grabó a fuego lento en su corazón una historia inolvidable. La de Daniel, el Mochuelo, aquel niño de once años que debía desplegar las alas para volar hacia un indeterminado destino.

La vida obligó a Sergio a desplegar las suyas prematuramente. Sus padres, extremadamente ocupados en sus respetivos trabajos, habían dejado demasiado solos a él y a su hermana Leyla, cinco años más pequeña. Es por esa razón por la que el chico, intentando llenar ese gran inmenso vacío que podría sentir la niña en su soledad, empezó a desarrollar una asombrosa imaginación. De esta forma pudo ser capaz de contarle cuentos extraordinarios que la permitieron soñar despierta. Fue así como empezó a enamorarse apasionadamente de la literatura, el único amor verdadero que había sentido en su vida. Desde entonces no paraba de viajar y nutrirse de nuevas sensaciones que luego intentaba plasmar lo más fiel posible en un cuaderno que lo consideraba más que un tesoro.

Durante varios minutos se quedó prendado observado cómo aquella chica trataba aquel libro. Sus dedos parecían acariciar sus tapas agradeciéndole la posibilidad de sumergirse en aquel océano de letras infinitas que posibilitaban transportarla a otra realidad. Aquella visión le conmovió profundamente. De forma repentina tuvo un enérgico anhelo de trasmitirle lo que había significado aquel libro para él, agradecerla los buenos momentos que le había hecho recordar y sobre todo volver a sentir su diáfana mirada en sus ojos. Al momento, Sergio se avergonzó al haber tenido ese último pensamiento. No estaba acostumbrado a pensar algo semejante. El chico volvió a sobresaltarse. ¿Por qué su corazón empezaba a palpitar con más intensidad de lo normal? ¿Qué extraño poder ejercía aquella muchacha sobre todo su ser?